La salud en la República francesa, en manos del mercado

En Francia no hay centros de salud de atención primaria o « ambulatorios » públicos como los conocemos aquí. Los médicos generalistas y especialistas ofrecen sus servicios en gabinetes privados o en clínicas compartidas, a veces alquiladas por el rentista de turno. Está en manos del paciente buscarse un médico y designarlo como médico de cabecera ante la Seguridad Social francesa.

Pero en todo caso el paciente ha de pagar al médico en cada consulta. Despúes la Seguridad Social le rembolsa el 70%. Para cubrir el 30% restante los pacientes deben contratar una « mutua », un eufemismo del seguro privado, que le devolverá una parte de lo que queda en función de la cuota que se pague al mes. El sistema es tan inhumano que a los jubilados se les cobra una cuota mayor por tener más probabilidades de enfermar. Con frecuencia esta cuota llega a los 100 euros al mes.

3,3 millones de franceses no tienen esa cobertura complementaria, por lo que evitan ir al médico sobre todo a los que superan las tarifas cubiertas por la seguridad social y los seguros, como los dentistas y los oftalmólogos. Estos últimos suelen cobrar entre 50 y 60 euros la consulta. La liberalización de este mercado no impide meses de espera para ver a un especialista ni consultas que duran apenas 5 minutos.

Hasta ahora la tarifa del médico generalista (o de cabecera) era de 23 euros la consulta. Hoy, 1 de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, ha subido a los 25 euros. Para los niños hasta seis años la consulta cuesta desde hoy 30 euros. Los principales sindicatos de médicos liberales aún se quejan de que es insuficiente la subida

Este sistema convierte a los médicos en mercaderes de la salud y tanto ellos como los seguros privados parasitan a los trabajadores vía impuestos a la seguridad social y cuotas mensuales a las mutuas. Algunos médicos son empresarios dueños de clínicas en las que el personal enfermería se convierten en asalariados suyos.

Este sistema se vende en Francia como una manera de evitar los “abusos” de los pacientes. Como en todos los rincones del mundo capitalista al trabajador se le presupone vago y aprovechado de un sistema que al contrario se sustenta sobre su espalda.

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