Los oportunistas se cortejan

Si hay algo que define a todos los oportunistas políticos, es su total ausencia de principios y escrúpulos a la hora de acceder a una poltrona, es decir, a un sueldo con el que vivir cómodamente engañando a la clase obrera y al conjunto de los trabajadores.

Si hasta hace poco el PSOE era casta, puertas giratorias, corrupción, ahora es, según el inefable Echenique (personaje que lleva años vulnerando sistemáticamente los derechos de los trabajadores) el que “corteja” a la formación social-liberal para que ello les permita acceder a la poltrona. El PSOE, esa formación criminal que tanto daño ha hecho a la clase obrera durante décadas, queda ahora inmaculado por obra y gracia de la politiquería institucional.

Echenique llama al PSOE a votar NO en la investidura del reaccionario Rajoy, para acto seguido instarles a conformar un gobierno que autocalifican “de progreso” que acceda a la gobernanza de la nación. Bueno, eso de gobernanza también lo entrecomillamos, puesto que quién realmente manda es Bruselas y ya ha marcado las líneas que quienes accedan a la poltrona tendrán que ejecutar sí o sí.

Y en medio de todo este circo oportunista, de vendedores de crecepelo cuyo fin es auparse a la poltrona sin el más mínimo programa político de transformación real de las cosas -puesto que sin tocar las relaciones de producción no hay transformación- se encuentra la clase obrera. Una clase social que cada día que pasa se muestra más desapegada a la farándula politiquera, hastiada de tanto circo, de tanto flash, y de tanta tinta desperdiciada en los dimes y diretes de aquellos que van a ejecutar los más aberrantes recortes contra ellos.

No está de más recordar, que cuando el patio está revuelto y la masa cansada del estado de las cosas, suele aparecer un salvapatrias para poner orden entre tanto desaguisado. Es decir, los oportunistas, los individuos que hacen del “¿Qué hay de lo mío?” su modo de vida son la antesala del fascismo y la reacción. Porque lo suyo es alejar a las masas obreras de la organización política y convertir lo que debería ser compromiso y lucha a favor de la clase obrera y del pueblo en un batiburrillo de declaraciones y actuaciones que producen vergüenza ajena, más propias del “Hola” o del “Diez Minutos”.

 

 

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