Medalla de plata para la gusanera

En Cuba, el adjetivo gusano se emplea para todos aquellos que venden a la patria al olor del vil metal. Aquellos individuos amorales, sin principios, arribistas, que se venden al mejor postor y que demuestran no tener ni la milésima parte de la dignidad que tiene la pequeña isla caribeña.

En el deporte, por desgracia, existen casos de individuos así. La potencia deportiva de la isla caribeña no pasa desapercibida para los diferentes estados burgueses, que no dudan en ofrecer jugosas remuneraciones a los gusanos para que realicen sus actividades deportivas bajo otra bandera.

A esto hay que añadirle las connotaciones políticas. Los gusanos utilizan la manida “represión política” para justificar su apátrida cobardía, sin embargo, lo que habría que preguntarles es por qué eligen siempre competir en países del llamado primer mundo y no, por ejemplo, bajo la bandera de Haití. Haití, una isla caribeña (igual que Cuba), que tiene 10 millones de habitantes (casi al igual que Cuba), que vive en sistema capitalista (distinto a Cuba) y cuyos índices de pobreza y desarrollo humano se encuentran a años luz de Cuba, negativamente hablando. Quien dice Haití, dice cualquiera de los más de 150 países con economía de mercado que se encuentran por detrás de Cuba en todos los indicadores económicos, no hablemos ya de bienestar y derechos de los trabajadores o índice de desarrollo humano. Países que dicho sea de paso, sufren también el robo de atletas por parte de las potencias imperialistas.

España es uno de ellos. Para los responsables del deporte español, al servicio de los monopolios capitalistas y de la ideología nacionalista, es más importante invertir en la compra y deserción de deportistas extranjeros que invertir en el deporte de base. Así, mientras las infraestructuras para practicar deporte son de risa, y la mayoría gestionadas por el capital privado y muchos atletas olímpicos de disciplinas no mediáticas tienen que ir con lo puesto a los Juegos, se invierten cantidades millonarias en financiar a quienes traicionan a sus países.

El gusano Orlando Ortega es un caso paradigmático de vileza. El flamante medalla de plata español, competía en los juegos olímpicos de 2012, adivinen con quién… exacto: con Cuba. La legislación del COI permite que atletas vendan a su país para irse a competir con el mejor postor, y así de unos juegos a otros cambia el color de la bandera a la que representan, pero no el color de los billetes a los que sirven.

Este es el deporte en el mundo capitalista. Estos son los que no mezclan la política y el deporte. Una vez más, se pone de manifiesto que el deporte no es más que otro producto comercial con el que la burguesía obtiene ganancias, y que el llamado espíritu olímpico no es más que una broma de mal gusto. Próxima parada, o próximo esperpento deportivo: el mundial de fútbol organizado por los patrocinadores del terrorismo islámico, Qatar.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *