El ministro de economía en funciones anuncia los mayores recortes de la historia de España: al menos 26.000 millones €

El objetivo impuesto por la UE obligará a España a reducir el déficit presupuestario en 4,6% del PIB para 2016, 3,1% en 2017 y 2,2% para 2018. Tal ajuste, que supone el 2,4% del PIB en dos años, es decir unos 26.000 millones de euros, se hará por la doble vía de subida de impuestos por un lado y reducción del gasto social por otro. Las medidas ya están siendo negociadas por los principales partidos del parlamento, los cuales como representantes de la élite económica para la administración de sus intereses, no dudarán, como llevan haciendo todos estos años de democracia, en hacer recaer el ajuste sobre las espaldas del pueblo, el cual verá como las insuficientes prestaciones sociales que ahora recibe (becas, subsidios, pensiones, sanidad, educación, etc.) serán reducidas a la mínima expresión, mientras se les aplican subidas de impuestos.

El pueblo trabajador se emprobrecerá fruto de éstas políticas al tener que pagar más impuestos para unos servicios públicos esenciales que irán disminuyendo, y por los que, en el mejor de los casos, no tendrá más remedio que volver a pagar a la empresa privada que absorberá el mercado que el estado vaya desatendiendo, y en el peor de ellos, dejará de utilizarlos al no poder permitírselo, lo que redundará inevitablemente en el deterioro de las condiciones de vida de la población y en la reducción de la esperanza de vida, tal como ya está ocurriendo en Grecia.

La deriva de la bancarrota capitalista se encuentra en el callejón sin salida de un sistema económico condenado por su propia dinámica de la que es imposible salir sin acabar con el mismo, pues la anarquía de la producción capitalista, y la competencia irracional que opera en el mercado obliga a los patronos a abaratar costes de producción para producir más en menos tiempo, a mejorar la productividad con la incorporación de maquinaria cada vez más sofisticada que sustituye a los trabajadores, arrojándolos al paro, dejando a la mayoría de la población sin capacidad de consumir, con lo que se deja sin salida a la sobreproducción obtenida por la eficacia alcanzada con la mecanización, que lleva al cierre de empresas, que expulsa a la indigencia a más gente, en una espiral que profundiza en la agudización de la crisis sin posibilidad de superarla y que condena a la población a la agonía.

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