PELEA EN EL BARRO DE SOCIALDEMÓCRATAS

Fuertes disensiones sobre si habrá lista conjunta de Podemos y En Marea para las elecciones gallegas. Las formaciones socialdemócratas y reformistas, cuyo fin no es superar el capitalismo sino darle a este un “rostro humano”, cosa imposible por definición, han alcanzado un acuerdo in extremis para una confluencia oportunista de cara a las elecciones de Septiembre, después de la ruptura que escenificaron.

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La versión oficial de este desencuentro habla de la negativa podemita a hacer de la confluencia un partido político puesto que ellos pugnaban por una alianza meramente electoral. Por su parte, la formación En Marea (Esquerda Unida y ANOVA) pugnaban por la creación de una estructura partidista.

Sin embargo, en el mundo real, las causas de esta trifulca y pelea socialdemócrata son otras. Pensemos en que la “confluencia” reformista tenía todos los visos de convertirse en fuerza gobernante de la Xunta, mediante pacto con ese PSOE que hoy es basura (cosa cierta) pero que mañana serán buena gente de izquierda si ello implica su ayuda al acceso a la poltrona. Pensemos que un gobierno no es solo una presidencia y unas consejerías, todas muy bien retribuidas, sino que conllevan algo más: asesores, altos cargos, puestos intermedios, libre designación, es decir: dinero contante y sonante. Esto, para formaciones que hacen del “¿que hay de lo mío?” su modus vivendi es el quid de la cuestión. Pelea por la poltrona, por ver quién trinca más estafando a la clase obrera, puesto que hoy prometen jauja pero saben que ni siquiera el parlamento burgués estatal tiene soberanía y capacidad de decisión, que es de la UE y Bruselas, mucho menos un parlamento autonómico.

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Así son quienes quieren mantener el capitalismo desde la llamada izquierda, una muestra más de los navajazos y actitudes rastreras que hemos visto desde que las confluencias y los reformistas tocaron la cuota de poder que les permite la burguesía. Todo oportunista, todo reformista, es lo más abyecto que nos podemos encontrar en política, pues anteponen sus intereses personales y la búsqueda de la colocación en la poltrona para tener la vida solucionada. Y es que la burguesía recompensa bien sus traiciones y sus políticas, y sobre todo esta pequeña burguesía odia ferozmente tanto a la clase obrera como al trabajo, que ellos consideran “de una clase más baja que la suya”. Al final, estos reformistas con alergia al trabajo han conseguido llegar a un mínimo acuerdo. Y es que no es lo mismo el dinero recibido por un gobierno autonómico que por dos precarios grupos parlamentarios de oposición. Aunque sin duda, habrá descontentos en ambas partes, aquellos que no han conseguido su parte del pastel.

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