Resultados elecciones gallegas 2016: gana la burguesía por incomparecencia del rival

El derechista presidente de la Xunta Nuñez Feijoo ha convocado las elecciones al Parlamento gallego para el día 25 de Septiembre, dentro de un contexto marcado por la pérdida de población, los efectos de la crisis estructural del capitalismo y una población cada vez más envejecida y depauperizada, que pone de manifiesto el fracaso del sistema capitalista en tierras gallegas.

Sin embargo, ya se saben los resultados. Seguirá mandando en Galiza las mismas familias de la burguesía autóctona así como las grandes transnacionales que operan en territorio gallego como Gas Natural Fenosa, Inditex, Pescanova, Finsa, etc. Ellos, que son los que realmente tienen el poder permitirán el paripé parlamentarista, en una cámara despojada de todo poder de decisión, como no podía ser de otra forma en un Estado burgués. Los grandes centros de poder supranacionales, como la UE representante de los monopolios a nivel continental, seguirán dictando las políticas realmente importantes en cuanto al desarrollo económico se refiere. Analizaremos ahora a los distintos sectores que concurrirán a los comicios.

El mayoritario Partido Popular, formación reaccionaria con numerosas redes clientelares en todo el territorio gallego, seguirá siendo la fuerza mayoritaria. Galiza es un territorio con una gran presencia de la pequeña producción rural, producto del desarrollo histórico del minifundio gallego, lo que conlleva la existencia de clases y capas sociales vinculadas al mundo rural con una ideología profundamente conservadora. La pequeña producción es fábrica incesante de capitalismo e ideología burguesa. Así, mediante en análisis de clase se explica la hegemonía absoluta del faccioso PP en el mundo rural gallego.

El otro partido mayoritario del régimen en el Estado, el PSOE, seguirá descomponiéndose en el territorio gallego, lo cual siempre es una buena noticia. La formación progre es incapaz de desbancar al PP en cuanto a representante del capital monopolista. La burguesía no necesita al PSOE como recambio para legitimar al régimen, a diferencia del conjunto del Estado. Sin embargo, será pieza clave si entre todas las formaciones oportunistas se proponen echar al PP del gobierno de la Xunta. Recordemos que el insuflarle vida al PSOE fue uno de los grandes errores del nacionalismo a mediados de la pasada década, cuando lo que hay que hacer con esta sigla es enterrarla en el fango para que nunca más pueda levantarse.

En Marea, la confluencia socialdemócrata de diversos oportunistas y reformistas de Podemos, Esquerda Unida y Anova(escisión del nacionalismo liderada hasta hace poco por Beiras) pugna por ocupar el sector “progresista” de ejecutores de los intereses del capital. Son formaciones que no cuestionan la propiedad privada de los medios de producción, ni tampoco el capitalismo. Su meta es echar al PP de la Xunta, y darle al gobierno autonómico un carácter más humano, más pasable a los ojos de la pequeña-burguesía y aristocracia obrera que la compone, es decir: reformas tibias para no cambiar nada, quedarse en lo superficial para no abordar el fondo de los problemas de la sociedad capitalista. Se prevee un resultado de alrededor del 30% de los sufragios, y optan a ser la fuerza que gobierne la Xunta si los pactos post-electorales entre todos los esbirros del capital con careta de “izquierdas” progresan.

En cuanto al nacionalismo, representado por el BNG, se encuentra en horas bajas, al menos en la concurrencia electoral en solitario. La formación Anova marcha unida en el nuevo conglomerado reformista de En Marea, y la formación histórica BNG se encuentra presa de sus propias contradicciones internas. El BNG, cuya composición de clase son funcionarios, intelectuales, y profesiones liberales se encuentra atrapado entre su ideología reformista y la imposibilidad de llevarla a la práctica con el estado actual de crisis capitalista. Al igual que la izquierda abertzale, ha visto el fracaso de las políticas socialdemócratas allá donde han tocado cuotas de poder local, o co-gobernanzas autonómicas.

Lo más triste de este modesto análisis es la falta de fuerzas propias de la clase obrera. No existe en Galiza ningún partido marxista-leninista con capacidad de actuar entre la clase obrera gallega y llevar a cabo un programa propio sin depender del reformismo o del nacionalismo pequeño-burgués. La ideología proletaria en Galiza se encuenta alejada de la clase llamada a llevar a cabo la transformación social, debido a esa debilidad histórica consecuencia de la inexistencia durante décadas del partido proletario. La sublevación fascista de 1936 acabó con las bases de lo que pudo ser un partido comunista fuerte y asentado en territorio gallego. Las luchas de los años 60 y 70 fueron en su mayoría cooptadas por el nacionalismo, por corrientes ideológicas vinculadas a ese popurrí ideológico de los movimientos de descolonización, las izquierda nacionalistas y otras formulaciones teóricas que nacieron de la deriva revisionista del movimiento comunista internacional. Todas ellas coinciden en estar bien alejadas del marxismo-leninismo.

Asimismo hemos de mencionar la cuestión nacional. Galiza sin duda es una nación con el derecho democrático inalienable a la autodeterminación, entendiendo esto como el derecho a la separación y a construir su propio Estado. La inexistencia del Partido Comunista ha significado que la clase obrera gallega se halle presa de la lucha ideológica entre el españolismo más rancio y el chovinismo de nación oprimida presente en muchos sectores de la llamada izquierda nacionalista. Al no haber Partido Comunista, no se ha podido llevar a buen puerto la solución ideológica a la cuestión nacional entre el proletariado gallego, clase que continúa huérfana de posiciones políticas propias en lo tocante a esta cuestión.

En resumen, la burguesía ha ganado las elecciones gallegas. Salga quien salga de inquilino del Pazo de Raxoi, las relaciones de producción existentes serán las mismas. Nada sustancial va a cambiar para la clase obrera gallega, entre una derecha cada vez más reaccionaria y una izquierda entregada al cretinismo parlamentario.

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